30 de noviembre de 2011

1) Caso práctico de hiperacusia

CASO PRÁCTICO DE HIPERACUSIA
Me llamo Begoña y tengo 31 años con la especialidad de Educación Especial. Mi caso es el siguiente:
El día 22 de enero del 2010 me levanté con la cabeza muy cargada, no sabía por qué, pensé que era un dolor pasajero y me tomé un gelocatil para poder irme a trabajar con niños de infantil y cuando salí estaba mucho más cansada. Intenté coger el coche pero ya no pude. Cuando llegó la noche, a eso de las cinco de la madrugada, de pronto, me desperté y tuve un dolor muy fuerte de oído izquierdo además de que escuchaba un sonido en ese oído. Me tomé otro gelocatil pensando que se pasaría pero estuve toda la noche con ese dolor y no pude dormir. Al día siguiente me levanté y como seguía igual me puse  calor seco a ver si se me pasaba pero no sucedió nada, no sabía lo que estaba pasando. Me fui a urgencias a Salamanca y como de costumbre me recetaron antibióticos pero eso no se pasaba. Pasados unos días pedí a un otorrino en Ávila, en la primera revisión ya me dijo que eran “Acufenos” y me estuvo mirando los dos oídos. Me mandó hacer otra prueba y me comentó que veía una perforación del tímpano y había que hacer una miringoplastía. Todo esto que estoy contando transcurrió en febrero del 2010. Durante este tiempo fui a trabajar cansada porque la noche era horrible, ya que con el silencio los ruidos internos aumentaban habiendo escuchado desde pitidos, silbidos, sonido de agua, helicópteros, con cambios de tonos de volumen. La verdad no sé como aguanté con 25 niños. El 17 de marzo del 2010 decidí darme de baja porque ya no podía más con la intención de acudir a otro médico en Salamanca y éste no veía nada. En la audiometría todo salía normal. Me mandó un scanner pero no salió nada, entonces me mandó al neurólogo, ya que yo seguía con los acufenos. Desde ese mes empecé a perder fuerza en las manos, brazos, pies y piernas; por ello el neurólogo me pidió una resonancia de cuello y apareció que tenía las cervicales C3-C4 y C5 comprimiendo a la médula espinal (a esto se le llama mielopatía cervical) y me tenía que operar lo antes posible. Se extrañó mucho porque eso suele ocurrir a partir de los 40 años y yo era muy joven. El 6 de mayo del 2010 me operaron y de mayo a julio los “ruidos”  del oído estuvieron más estables,  casi no los oía, así que pensé que era de cervicales y ya no lo dí importancia. En julio empezaron a aumentar y fui a GAES (un centro auditivo) para informarme y el audioprotesista me dijo que esperáramos a que me quitara el collarín. En Septiembre del 2010 empecé con los dolores de cabeza que antes de la operación ya tuve porque hubo una semana que estuve aislada en una habitación porque no soportaba ningún ruido ambiental (ruidos de coches, televisión, el ruido de los platos, etc) ¡Que horrible! En octubre del 2010 cuando ya me quité el collarín me apunté al gimnasio. Notaba que sentía molestias en los dos oídos, por tanto fui al otorrino y me sacó cera de los oídos y me dijo que tenía una arteritis. Yo no las veía todas consigo. Yo me sentía con fuerzas aunque ya notaba algo raro, me molestaba la música y no disfrutaba del movimiento; pero el 18 de octubre del 2010 me incorporé a trabajar en Bejar (Salamanca) pensando que esto se pasaría. El caso es que en el agua  me relajaba, a lo que antes yo tenía fobia. A las cuatro semanas me levanté un poco mareada y ya veía que los ruidos ambientales me seguían molestando y no podía soportarlo, todo ruido me asustaba. Yo ya sospechaba de la hiperacusia. (sensibilidad a los ruidos ambientales). Ya me costaba concentrarme. Volví al otorrino y ya me dijo que tenía reclutamiento que es similar a la hiperacusia cuya diferencia es que es un trastorno que produce fatiga auditiva. Entonces me mandó la prueba de potenciales evocados y ya me detectaron en el oído izquierdo una hipoacusia neurosensorial o de percepción retrococlear de 15 decibelios y en el oído derecho otra hipoacusia de percepción de 15 decibelios. Esto me llamó la atención y me quedé un poco desorientada y como todo el mundo que ha hecho Educación Especial me puse a investigar porque el otorrino estaba dando largas. Descubrí  la enfermedad de Meniere y se lo pregunté, me dijo que sí. Ya estaba en GAES haciendo tratamiento para la hiperacusia que consistió en la colocación de unos cascos a través de los cuales se transmitía sonidos puros. Entonces estaba con mareos y vértigos. El otorrino creía que eran del agua y me quitó la natación durante quince días, yo lo pasé muy mal.
Me compré unos cascos para protección del ruido y con ellos me encontraba muy bien pero iba a la clase de natación de enero a marzo y no sabía lo que estaba pasando. No hacía caso a nadie ni siquiera a mi monitor.
Empecé a quitarme los cascos progresivamente y noté que me costaba procesar la información. Empecé en casa, no fue fácil. Me costó más quitármelos en la calle pero gracias a que me cambié de piso, al lado del multiusos, empecé a quitármelos en calles tranquilas. En este proceso han influido mucho los consejos de mi monitor de natación que le considero mi mejor amigo. Cuando empecé a quitármelos en la calle y terminé la terapia noté que para mí muchos días el lenguaje oral era como desconocido y decidí ir a una logopeda con quien estoy trabajando la estructuración del lenguaje y además estaba con una psicologa; que sigo con ella para trabajar los problemas de ansiedad que este trastorno auditivo produce. Finalmente me los quité en el gimnasio, aquí me costó un poco más porque me daban seguridad en el equilibrio,  y comprobé  que se podía estar sin cascos. ¡Esto era un logro! No está siendo un proceso nada fácil para mí y lo peor es que a veces te sientes incomprendida y conlleva en entornos ruidosos problemas de comunicación, por lo cual tengo que mirar a las personas los labios para que yo pueda comprender las bien y debido a esta situación muchos problemas emocionales están presentes, sobre todo la ansiedad. Pasada esta etapa tan dura, poco a poco he ido adaptándome a la situación, aunque no está siendo nada fácil. En septiembre del año 2011 he comenzado a trabajar de nuevo y la verdad es que está siendo duro porque te tienes que buscar otras estrategias para pensar además de ir a otro ritmo mucho más despacio que las personas oyentes normales. La adaptación a los ruidos me está costando mucho pero en el colegio me siento muy comprendida y eso ayuda mucho. Todavía me canso mucho a nivel auditivo, lo que conlleva fatiga mental. Esto te produce mucha impotencia y frustración. Muchas veces tengo la sensación de que yo podría avanzar muchísimo más pero al cansarme tanto tengo que hacer caso a mi cuerpo. He descubierto en la natación un componente terapéutico a través del cual estoy aprendiendo a desarrollar otros sentidos como la vista y el tacto y me ha costado mucho alcanzar mis objetivos porque durante todo el proceso comentado anteriormente pierdes seguridad en ti misma pero poco a poco y con mucha paciencia la estoy recuperando.

66.Nacimiento de una nueva personalidad de mi sonido y presión.

¿CÓMO ES MI SONIDO JUNTO CON SU PRESIÓN? Mi sonido, es un guía y maestro,  quiere enseñarme  a manejar su sensibilidad. Le encantan ...